Hace 50 años, en una esquina de la calle 2 de Mayo de Latacunga, comenzó una historia que marcaría a toda una familia. Bertita, una joven alegre y tranquila, llegaba de Ambato a Latacunga para dejar frutas a su tío Segundo. Mientras esperaba en la esquina, vio acercarse a un caballero que caminaba con una carpeta bajo el brazo. Él se llamaba Luis Fernando. Un simple pedido de ayuda para encontrar una dirección fue suficiente para que Luis, con su natural gentileza, le ofreciera no solo indicarle el camino, sino acompañarla. En ese recorrido comenzaron las primeras conversaciones, las primeras sonrisas y el inicio de un vínculo que creció con una rapidez tan sincera como profunda. Antes de despedirse, Bertita le dejó la dirección de su hermana Teresita en Ambato. El amor no tardó en hacer lo suyo. Un día, al salir del colegio, Bertita volvió a encontrarse con Luis, quien la esperaba con la misma cortesía que lo había caracterizado desde el primer día. Cuatro meses después, convencidos de lo que sentían, decidieron unir sus vidas. Se casaron en Izamba, en una boda sencilla y alegre, rodeados de ilusión y esperanza. Los primeros años no fueron fáciles. Con un solo sueldo, el de Luis —quien trabajó como profesor en el colegio Vicente León y luego en el Tribunal de Menores—, comenzaron a formar su hogar. Bertita, con dedicación y una admirable destreza para hacer que todo alcance, se entregó por completo a su familia como ama de casa. Pronto llegaron los hijos: Fernanda, José Luis, María Luisa y Verónica. Su primera casa, en el barrio Sur conocido como la Unidad Nacional, era pequeña, pero acogedora, con un amplio espacio verde donde crecieron los niños, sus primeros años y sobre todo, el amor. En 1978, con el nacimiento de José Luis, Bertita descubrió una esperanza que marcaría para siempre su vida y la de su familia. Fue en ese momento cuando conoció a Jehová, y desde entonces la fe se convirtió en el ancla de su hogar. Con amor y convicción, Bertita enseñó a su familia a conocer y amar a Jehová, dejando un legado espiritual que ha guiado, fortalecido y unido a la familia a lo largo de los años. A lo largo de estos 50 años, Bertita y Luis han caminado juntos guiados siempre por el amor y el apoyo mutuo. Hoy celebran no solo medio siglo de matrimonio, sino la familia que han construido: una familia unida que hoy suma diez corazones, incluyendo a su nieta Milagros, el regalo más tierno de esta historia. Porque como ellos mismos lo han demostrado toda la vida: “Familia donde la vida empieza, y el amor nunca termina.”
11:00 am
Once de Noviembre.
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