Aunque ambos crecimos en Cali, el destino decidió que nuestra historia no empezara allí, sino en Armenia, cuando nos mudamos para estudiar en la universidad. Teníamos 17 y 19 años. Y aunque hoy suene increíble, al principio nos caímos mal. Éramos tan distintos que parecía imposible que algún día nos entendiéramos. Pero la vida, con su forma curiosa de acomodarlo todo, nos fue acercando hasta convertirnos en amigos, esos que se cuentan la vida entera sin reservas. Un día, sin planearlo, Mauro me escuchó cantar y algo cambió. Él dice que fue como un flechazo, que en ese momento entendió que lo nuestro tenía que ser algo más. Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, las cosas se fueron dando: nos enamoramos, nos hicimos novios y desde entonces hemos caminado juntos, creciendo, aprendiendo y construyendo una historia que hoy celebramos con quienes más queremos.